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Jorge Drake

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Jorge Drake

En la región menos transparente del ombligo de la Luna, México.
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viernes, 12 de febrero de 2010

El verdadero alimento de las palomas




El verdadero alimento de las palomas


En la Plaza de Hualahuises, todas las mañanas alrededor de la misma banca —cerca del kiosco—, se congregaban cientos de palomas en un ritual cotidiano y pintoresco. Don Chemo, —un anciano colombófilo— diariamente desde hacía poco más de treinta años, llevaba una bolsa con alimento y les daba de comer pacientemente. Les llamaba por su nombre. Se jactaba de haberles puesto apelativo a todas y reconocerlas a cada una. El zureo de sus gargantas se silenciaba mientras comían. Algunas se posaban en sus hombros o en sus piernas, una que otra traviesa se le subía en su cabeza plateada. Conversaba con ellas y algunas parecían hasta dialogar con él, después, partían a perderse entre los campanarios de la catedral o en los tejados de los viejos edificios, donde sus arrullos formaban parte del paisaje sonoro habitual. Don Chemo vivía cerca de la plaza, en una casita modesta de apenas dos piezas y un baño, —en el fondo de un antiguo vecindario—, que sobrevivía milagrosamente a una modernidad circundante, que amenazaba con tragarse los últimos vestigios del pasado. Vivía de una pensión modesta, no tenía familiares, y todo se le iba en sobrevivir y gastar sus exiguos ingresos en el alimento de las aves.


Irremediablemente llegó un día en que el anciano, ya con todos los años encima, dormido en su cama, no despertó más. La administración de la plaza que conocía la escena, preocupados porque mucha gente ya habitualmente acudían a observar con curiosidad el espectáculo, y maravillarse de ver a tantas palomas reunidas, acordó sustituir al anciano y asignar a un trabajador para que llevara comida puntualmente a las aves. Pero fue infructuoso, día a día las palomas que acudían, fueron disminuyendo hasta no quedar ninguna.

3 comentarios:

Narci dijo...

Preciosa historia Jorge, y es que a los animales, no les basta con que alguien le ofrezca comida, necesitan que la mano que se la ofrece sea una mano amiga y lo haga con cariño.

Besos
Narci

Luis dijo...

Me encantó. Por lo simple, por lo cotidiano. Aplaudo a lo ignorado de todos los días y admirado muy de vez en cuando.
Felicitaciones.
Volveré... (no es una amenaza, sino un desafío a seguirte leyendo)

letradedoctor.blogspot.com
(espero disfrutes casi tanto como yo lo hice en esta oportunidad de alguno de mis diversos relatos)

Jorge Drake dijo...

Gracias narci, esa era la idea del relato.

Bienvenido Luis, y gracias por pasarte por aqui.

Por ahi les visito también.

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