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Jorge Drake

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Jorge Drake

En la región menos transparente del ombligo de la Luna, México.
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sábado, 1 de enero de 2011

Perder el juicio


Perder el juicio.

El joven Cigol estaba confundido, sabía que algo en él iba mal, aunque en el fondo se sentía bien. Su propia madre le había denunciado ante el Consejo de Orden Civil del Estado. Desde pequeño se le había adoctrinado en que la mentira era el lubricante de la sociedad. Las había inocentes, necesarias, convenientes, funcionales, lúdicas, mitológicas, sacras, históricas, diplomáticas, políticas, curriculares, y un largo etcétera. Todas perfectamente compendiadas en el Manual del Ciudadano Moderno. Sus padres comenzaron a sospechar de su anomalía mental, cuando empezó a cuestionar —y aun a rebelarse— a las mentiras más tradicionales de la religión única, con su dios único y avalada por el estado único. Estaba nervioso, sus manos sudaban profusamente. Se encontraba metido en un gran problema, conocía la dureza de la corte. Faltaban tan solo minutos para ser sometido por el Consejo a una prueba poligráfica con el detector de verdades, luego, seguiría el juicio y el dictamen inapelable del juez. Después de dos horas de un exhaustivo interrogatorio de los especialistas —analizando sus respuestas emocionales en las pupilas y en el lóbulo prefrontal—, el dictamen estaba listo para iniciar su juicio sumario.


El juez, dirigiéndose al jurado en pleno y al acusado, inició exponiendo el caso.


—El Estado contra Cigol Erup. Es de todos conocido y aceptado que nuestra sociedad ha encontrado el equilibrio evitando los peligros y el sufrimiento innecesario que la verdad como tal acarrea. La realidad es, como hemos decidido que sea para beneficio de todos. No hemos resuelto los problemas graves de la sociedad, pero hemos logrado que no nos afecte, de tal manera que el sistema social se mantenga funcional, y los ciudadanos acepten su condición sin generar hostilidad hacia el estado o sus semejantes. Nuestra estabilidad como sociedad requiere que las mentiras diseñadas, sean aceptadas sin cuestionamientos. El acusado, ha sido diagnosticado por el test veritas, concluyendo que hay un rechazo consistente a las mentiras más convencionales. Por lo cual el estado solicita al gran jurado, el confinamiento indefinido del acusado, y ordenar una investigación sobre las causas de semejante anomalía. El acusado ahora tiene la palabra para abogar en su favor, en descargo de las acusaciones.


Cigol, con un rictus de enojo en la frente —dando un paso hacia adelante— tomó la palabra.


—Sr. Juez, puedo entender la lógica de sus planteamientos aunque no estoy de acuerdo con ellos. Si tuviese que aceptar las normas de esta sociedad de la mentira, al menos les pediría que fuesen más creativos y que no insultaran a mi inteligencia. Pero sé que es pedir demasiado. Rechazo categóricamente el test veritas y su dictamen — porque si es correcto— estaría usted apelando a la verdad, y usted tendría que estar siendo enjuiciado junto conmigo. No puede usted acusarme de una falta que usted comete al mismo tiempo.


Los jurados se miraron entre ellos consternados, y las murmuraciones fueron elevándose en intensidad mientras dialogaban.


—Su señoría, —dijo el representante del jurado alzando la voz— Creemos que el acusado tiene razón en su reclamo.


El juez se paró como un resorte mostrando sus ojos desorbitados de ira, y usando su derecho de veto, declaró al acusado culpable y ordenó que el jurado fuese sometido a evaluación también.


Era demasiado tarde, la infección de la lógica se esparcía como reguero de pólvora encendida...

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3 comentarios:

Narci dijo...

Estupendo relato, Jorge. Efectivametne, toda relación, sea del tipo que sea, que se apoye sobre mentiras, acaba siendo sucumbiendo por su fragilidad y su falta de lógica.

Feliz 2011.

Jorge Drake dijo...

A pesar de que el relato se sitúa en una sociedad hipotética, es una ironización de nuestra sociedad actual tan ajustada a las mentiras, que ya sea por su repetición o por la validación que cobran con los medios de comunicacón sacralizados o las intituciones que usurpan la verdad para esconderla, nos han habituado a convivir con la mentira. La extraña paradoja es, cómo a veces incluso usando la lógica, las mentiras pueden resultar más convincentes que la verdad, con una manipulacion previa basada en falacias de no fácil identificación.

Muchas gracias por leer y comentar Narci.

Narci dijo...

Desde mi punto de vista, y a un nivel menos general, podría ser también aplicable a sociedades más pequeñas, como la relación de pareja, de familia, de grupo de amigos, de compañeros de trabajo, de comunidades de vecinos, etc...

La mentira y la manipulación se encuentra en todas partes, y cuando más cercana más nos afecta, al menos a priori.

Saludos

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