Cosas que sabemos

Sé que sabes
que hoy me hubiera gustado estar contigo
descubrir significados más precisos para una palabra
los contornos que mis manos seguirían para dibujarte


Sé que sabes
que hoy me hubiera emocionado disfrutar de tí
extendiendome en tu piel y despertar tu deseo
besarte, como se besa un sueño vivo


Sé que sabes
como resonaría mi voz aún en tus vacios
todos los tropos que usaría para definirte
todas las palabras que no he podido formularte


Sé que sabes
que contigo mis sentidos se internan en lo inexpresable
en alquimia de aromas que envidiarían las flores
en placeres y laberintos de nuestro espacio íntimo


Sé que no sabes tal vez
cuanto te amo y te he amado en silencio
Como también yo sé, que ésta realidad
no es el cielo azul que siempre imaginé para nosotros.







El verdadero alimento de las palomas




El verdadero alimento de las palomas


En la Plaza de Hualahuises, todas las mañanas alrededor de la misma banca —cerca del kiosco—, se congregaban cientos de palomas en un ritual cotidiano y pintoresco. Don Chemo, —un anciano colombófilo— diariamente desde hacía poco más de treinta años, llevaba una bolsa con alimento y les daba de comer pacientemente. Les llamaba por su nombre. Se jactaba de haberles puesto apelativo a todas y reconocerlas a cada una. El zureo de sus gargantas se silenciaba mientras comían. Algunas se posaban en sus hombros o en sus piernas, una que otra traviesa se le subía en su cabeza plateada. Conversaba con ellas y algunas parecían hasta dialogar con él, después, partían a perderse entre los campanarios de la catedral o en los tejados de los viejos edificios, donde sus arrullos formaban parte del paisaje sonoro habitual. Don Chemo vivía cerca de la plaza, en una casita modesta de apenas dos piezas y un baño, —en el fondo de un antiguo vecindario—, que sobrevivía milagrosamente a una modernidad circundante, que amenazaba con tragarse los últimos vestigios del pasado. Vivía de una pensión modesta, no tenía familiares, y todo se le iba en sobrevivir y gastar sus exiguos ingresos en el alimento de las aves.


Irremediablemente llegó un día en que el anciano, ya con todos los años encima, dormido en su cama, no despertó más. La administración de la plaza que conocía la escena, preocupados porque mucha gente ya habitualmente acudían a observar con curiosidad el espectáculo, y maravillarse de ver a tantas palomas reunidas, acordó sustituir al anciano y asignar a un trabajador para que llevara comida puntualmente a las aves. Pero fue infructuoso, día a día las palomas que acudían, fueron disminuyendo hasta no quedar ninguna.

Historia mínima.



Historia mínima.

Cuéntame una historia diferente
una, que no comience con la nada
que no me hable de calles vacías
de linternas embriagadas de la noche
de bruma tímida que huela a olvido
de palabras retenidas por el aire...

Cuéntame una historia distinta
una, que no me hable de ausencia
de caminos angostados de lejanía
de puentes sostenidos con miradas
de besos transfigurados en espejismo
de despedidas sin pacto de regreso...

Cuéntame una historia ardiente
una, que hable de cuerpos desnudos
de tardes de incendio bajo la lluvia
de caricias y deseo despojados de culpa
de horas colapsadas en tu compañía
de complicidades revestidas de sueños...

Cuéntame una historia que no me condene
a abrazar el amor en la soledad sin tu presencia
a esconderme de mi tristeza en la irrealidad
a perseguir un futuro disolviéndose de a poco
en las huellas imaginadas de tus pasos
que nunca junto a mi quisiste caminar...

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Radiolarios: Arte y Naturaleza



Radiolarios: Arte y Naturaleza.

Cuando pienso en la vida e intento encontrar el tropo que la defina en su fracción esencial e irreducible que le dé un sentido, una razón de ser. Observo el espacio profundo y me pierdo en el misterio de lo inalcanzable, en la extensión inconmensurable que aplasta a la imaginación más vasta.
Hay una cierta frialdad en la visión de tantos mundos inhóspitos, inhabitables, otros tantos no descubiertos, aparentemente sin una mirada lúcida que les dé un propósito ulterior a su existencia. Posiblemente nacen y mueren absorbidos por sistemas mayores sin haber albergado vida nunca.


Cuantos eones y distancia por recorrer serán necesarios para resolver todos los dilemas, en una eternidad que no lleva prisa, en un universo que parece desolado y en ruinas. En ocasiones pienso que el universo se despliega con elegancia matemática, en otras, la mirada se sobrecoge ante la hostilidad impetuosa de las nebulosas, centro de galaxias, y agujeros negros, donde parece reinar el caos y el peligro.


Creación y apoteosis, fuego y hielo, movimiento perpetuo. Mutabilidad constante.
¿Acaso viviremos en la excepción? ¿Habrá otras singularidades perdidas en la distancia prohibida? ¿Es la vida un accidente fortuito del caos? ¿O lleva implícita la firma de un creador? No son preguntas hechas solo en nuestro tiempo, ni siquiera un dilema de orden teológico o religioso. Es el cuestionamiento elemental de quien requiere saber sobre el terreno en el que se mueve.
Ante la devastadora imposibilidad de encontrar respuestas en el cosmos aún inaccesible, entonces repliego la mirada perdida en el espacio, y la vuelco sobre el microcosmos, intentando responderlas con los elementos cercanos, en la vida que anima nuestra Tierra.


El hombre parece agotarse a veces en el caos de la conciencia y sus paradojas suicidas, o en la fragilidad de la vida supeditada a la naturaleza voluble de un planeta con un equilibrio apenas temporal y efímero para el hombre, y para todo organismo viviente, volviendo la aparente eternidad de la vida, maleable, efímera... apenas una oportunidad exigua para la subsistencia y posible expansión hacia otros mundos.
Por otro lado, un sector de la raza humana se aferra al arte, y a la consagración de la vida. La Tierra es un laboratorio prodigioso de ella. Desde mi perspectiva, el código de la vida está fraccionado, tiene un común denominador disperso en todas las criaturas vivientes.
¿Quien nos dice que no necesitaremos en un futuro remoto, -o tal vez no tan lejano-, el código de ADN de los ojos de un búho para ver en la oscuridad, o la habilidad de ver tres veces más colores como el camarón mantis, las habilidades digestivas de la vaca para digerir la celulosa, o la resistencia de la piel de un reptil para resistir temperaturas mas extremas? ¿Dominaremos el código a tiempo para "inventar" los cambios por nosotros mismos? ¿Nos conformaremos con los ciclos de extinción y vida de la Tierra? ¿Lograremos crear plantas y animales tan sofisticados como los naturales, que se extinguen con nuestro desdén más terrible?
El reino vegetal que parece ser el laboratorio medicinal diseñado para el hombre, acompañándolo en su desarrollo a lo largo de millones de años, se ha ido mermando en los últimos siglos por diversas razones, y tal vez con ello perdiéndose la posible cura para enfermedades futuras. El planeta no está en peligro, es la vida tal como la conocemos lo que está en peligro. Es posible que con cada extinción masiva la vida renazca con los organismos sobrevivientes. La Tierra se recompone y se ajusta sobre patrones cíclicos naturales.


Tengo ese escalofrío espinal que da el presentimiento de la catástrofe, la casi convicción de que de no cuidar y preservar con suficiente ahínco de nuestros reinos coetanos, inminentemente fijamos el tiempo de vida de nuestra civilización, reduciendo sustancialmente nuestras posibilidades de sobre vivencia futura.


Los biólogos parecen estar de acuerdo en que la vida se inició en el mar, sin embargo éste aún guarda recónditos secretos. Investigando sobre el mar abisal, el más misterioso de los lugares no explorados de la Tierra, descubrí la sorprendente investigación del biólogo alemán Ernst Haeckel, -un naturalista del siglo diecinueve-, sobre organismos de una sola célula o protozoarios, los Radiolarios. Invisibles en su mayoría a simple vista, fueron analizados, clasificados, nombrados y dibujados por Haeckel en un trabajo exhaustivo y asombroso, logrando catalogar poco más de 4,000 de los 5,000 conocidos aproximadamente hasta ahora, revelando la elegancia y complejidad sorprendente de estos organismos.


Platón decía que Dios geometriza. Los esqueletos o formaciones sólidas de los Radiolarios parecen estar permutando todas las formaciones posibles, mostrando una gran belleza y tensegridad en sus formaciones, lo que yo llamaría la morfología de lo amorfo. Conocer a los Radiolarios es descubrir la esencia de la vida, la prerrogativa básica y expresión de la vida elemental de la naturaleza:
El Arte.


Deconstrucción




Deconstrucción.

Déjame penetrar en tu cráneo,
buscar la zona intima de tu mente elusiva,
donde anida el espacio generatriz,
el súmmum de todas las posibilidades.

Déjame desabotonar tus vértebras,
recorriéndolas una a una con mis manos,
para descubrir el arco perfecto del deseo,
la hoguera de todos mis afanes.

Déjame disectar tu corazón,
descubrir el pulsar que me impele,
a ondular en el vértigo de tus caderas,
seguir el ritmo multicorde de tu carne,

Déjame derramar en tu piel,
todos mi sueños sensoriales de este mundo,
inyectarte la pasión de mi universo,
en cada poro y célula de tu cuerpo.

Déjame entrar en tus espacios,
en el enigma insondable de tu alma,
hacia esa dimensión que me secuestra,
y me lleva a territorios no explorados.

Déjame conjurar en ti todos los tiempos,
todas las voces, los colores y los gestos,
y asegurar así reconstruirte siempre,
en el continuum eterno de mi espacio.

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Imaginismo


Puedo imaginar,
un coro de ángeles con voces mudas,
que cantan para el corazón fuera del rango audible.

Puedo imaginar,
cascadas de agua bermellón iridiscente,
manando desde la piel exuberante de Gaia.

Puedo imaginar,
desiertos con dunas de oro molido,
donde a nadie le importe atesorarlo.

Puedo imaginar,
árboles translucidos e hipnóticos,
que relatan historias del suelo con hojas de rehilete.

Puedo imaginar,
un mar tranquilo y apacible,
donde los barcos se impulsan con los sueños.

Puedo imaginar,
montañas de diamante y zafiro,
y un planeta maravilloso para engastarlas.

Puedo imaginar,
la bóveda celeste sin la Luna,
viajando embelesada tras la cauda de un cometa.

Puedo imaginar,
ciudades suspendidas en el aire,
cuando la Tierra detenga su danza sufi.

Puedo imaginar,
un cielo púrpura encendido,
donde galaxias se observen a simple vista,

Puedo imaginar,
el universo encapsulado en un instante,
en el relámpago brillante de un pensamiento.

Pero no puedo imaginar que tú no me ames,
amándote tanto... como yo te amo...

8,000,000 de años para el amor.




8,000,000 de años para el amor.

Ya el sol se traga el agua en el horizonte,
el mar vomita su espuma sobre tu piel de luna,
pronto las sombras renacerán hambrientas,
y te irás a dormir en las caderas de la urbe.

Escondido entre la selva, lejos de tu mirada,
retengo la respiración mientras te observo,
mis uñas lloran clavadas en la arcilla roja,
porque estoy aqui deseando poseerte.

Si fueras mia ahora te retendría en mi pecho,
el viento haría ondular tu cabellera dorada,
rodariamos desnudos sobre la arena caliente,
y sentirías mi cuerpo sobre ti para poseerte.

Pero no puedo... no puedo esconder mi cara,
huirias temerosa cuando tus ojos me vieran,
y mis labios inertes no podrían decirte nada,
porque no puedes amarme, ni entenderme...

Volveré aqui como todos los dias,
me quedaré quieto, en silencio,
para verte...
pero no puedo poseerte,
no puedo... no puedo poseerte...

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Raison d'être

arte por Boris Indrikov


Raison d'être

Si el Creador me hubiera arrebatado la vista,
sobreviviria en el imperio de la conciencia.

Si el sonido enmudeciera en mis oidos,
lo imaginaría en el reducto de la memoria.

Si no hubiese podido tocarte con mis manos,
me habría bastado con saber que me amabas.

Si no fuese posible percibir de cerca tu aroma,
me sería suficiente con oler un racimo de clemátidas.

Si el dolor no me dejase dormir en las noches,
me habría aferrado al más líquido de tus sueños.

Si la vida me quitara todo lo que he edificado,
sin dudar empezaría otra vez desde cero.

Pero hay vacios que nunca se llenan,
que arrastran en su abismo todo lo que somos.

Demasiada vida... sin ti, ya no significa mucho,
vivir es una metáfora, desde tu muerte.

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Contacto




Contacto


Cuando tu te vayas,
el camino se irá tras de ti,
transformado en perspectiva.

Cuando tus pasos sigan de frente,
te perseguirán las hojas secas y el viento,
en la estela del vacío que atrás dejes.

Tu corazón, siempre giroscopio,
tus ojos amantes y líquidos,
tu cuerpo resonante y telúrico
resolverán la dualidad punzante,
con el equilibrio meridiano de tu alma.

¿Qué calientan en ti los rayos del sol,
cuando tu ser arde como galaxia?

¿Qué misterios pueden intrigarte,
si tus ojos pueden ver sin luz
y descifrar lo intangible?

¿Qué sinfonía podría regalarte,
cuando es el llanto de los otros,
el canto que te conmueve?

No se a donde te llevará el tren del tiempo,
no se si nos encontraremos de nuevo,
solo puedo empuñar como una espada en llamas,
la experiencia grandiosa y crucial,
de haberte encontrado y resplandecer juntos,
en un pedazo excepcional de eternidad,
fuera de los limites de Edentia.
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Marcapaso, el falso corazón..



Marcapaso, el falso corazón.

(Serie meditaciones urbanas)


!Para!

Ya no corras más sin sentido,
no necesitas coleccionar más ab-ismos,
ni hacer más grande tu celda de concreto,
no requieres huir hacia algún paraíso artificial,
tampoco romper tus venas en cascadas,
para sentir que tu vida fluye...

Permanece unos minutos sin prisa.
Siéntate en la mesa, descansa,
no te muevas y escucha,
mejor no escuches, espera...
no...
No esperes.
Tan solo quédate en silencio…

El mundo aparecerá por si mismo,
sin filtros,
sin preconcepciones,
en su cruda desnudez,
rendido a tus sentidos...


¿Sientes la luz que se escabulle por la ventana?
Mira como te percibe y dibuja tu sombra…

¿Ves las particulas de polvo flotar en la resolana?
Observa la expresión de su elegancia al moverse…

¿Puedes escuchar el viento?
Atiende al susurro de sus historias lejanas…

¿Hueles la flor en el vaso de agua?
Siente la memoria que induce su fragancia…

¿Escuchas el ave en el árbol?
Percibe lo que cuenta su trino…

Ahora escucha el latido de tu corazón.
No, no es un marcapaso,

¿Por que va de prisa?

¿De quién o de qué huye?

¿A quién persigue?

¿Que ilusiones le han atrapado?

¿Por qué ha dejado de latir con el universo?
.
.
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Escaleras, fantasmas y luz coherente...

Hace ya bastante tiempo,
que mis ojos dejaron de ser ojos...
son perpetuas escaleras eléctricas,
de continuo ascenso y descenso...
Todo pasa fugaz sin detenerse,
como pasarela de dos vías...
algunas cosas suben a mi cielo
y otras descienden a mi infierno...
Hacer arder una cerilla voluntariosa,
devorar un cigarro en la impaciencia,
tararear un estribillo contagioso,
construir seguridad con rituales sin sentido,
llenar los espacios conquistados por el miedo,
o esperar un tren que nunca llega,
porque su destino ya no existe...

Y pienso que amo y alucino,
hasta creo ser feliz... y río,
pero solo es una sonrisa aislada,
repetida en el eco del vacío,
y el llanto se vuelve llovizna,
como sudor febril que moja desde adentro,
y se vuelven líquidos los sueños,
que alimentan el deseo dolorido.

Las fantasmas llegan en la noche,
y se van cuando amanece la resaca,
personajes de desfile que aparecen,
como pedazos de vida imaginada,
historias sepia de tabloide y crucigrama,
sombras exiliadas de sus cuerpos,
se erectan como homínidos recientes,
caminan sin rumbos y sin metas,
atrapados en la tinta del delirio,
atraviesan furtivos los pasillos,
como luz coherente proyectada,
en los fríos corredores de mi mente...